Índice

Una estrategia de visibilidad que expanda tu negocio

Los 7 pasos imprescindibles para una estrategia de visibilidad efectiva

Estoy segura de que, en el TOP 10 de las preocupaciones de una CEO, amiga, esta tiene una posición predominante: “¿estoy haciendo todo lo que está en mi mano para hacer visible mi propuesta?, ¿qué más podría, o incluso debería, hacer para que mi estrategia de visibilidad expanda mi negocio?

La estrategia de visibilidad es una de las patas imprescindibles para el crecimiento sostenido y sostenible de cualquier negocio. Sin visibilidad, no hay ventas, sin ventas, no hay dinero. Sin dinero… Ya sabes lo que pasa cuando el dinero no llega a tu negocio. 😉

Por eso en el artículo de hoy te compartiré los 7 pasos imprescindibles para que tu estrategia de visibilidad expanda tu negocio desde el gozo.

Paso 1. Asume la responsabilidad de hacer visible la excelencia con la que trabajas

Sé que haces un gran trabajo, amiga. Y un gran trabajo implica una gran responsabilidad.

Es habitual, cuando tenemos una forma de trabajar muy cuidada (y un nivel de exigencia heavy, ¿por qué negarlo?), que no reconozcamos el valor de ese cuidado. 

Es tan natural para nosotras hacer las cosas de determinada manera que no nos entra en la cabeza que se puedan hacer de otra.

Sin embargo, hacer un gran trabajo implica una gran responsabilidad (y no me refiero solo a la responsabilidad de seguir haciendo ese trabajo de esa manera): la responsabilidad de hacer saber a tus potenciales clientes que trabajas de esa manera.

La responsabilidad de reconocer tú el valor de lo que entregas y de cómo lo entregas y darle la visibilidad que merece.

Tendemos a creer que lo principal para que un negocio funcione es que quien lo cree conozca su profesión y haga un buen trabajo, y esto es una verdad a medias. Una verdad a medias ampliamente extendida, pero no por eso menos a medias.

Claro que para que tu negocio funcione necesitas hacer bien tu trabajo. Sin embargo, más allá de eso, lo que necesitas también es que la gente sepa que haces tu trabajo y que, además, lo haces genial.

Porque si haces un trabajo fantástico, pero solo tú sabes que haces fantástico ese trabajo, adivina, amiga… Tu negocio no vive. 

Hacer un gran trabajo es un ingrediente interesante para que un negocio funcione. Pero no es el único. De hecho, por sí solo, no lleva a ninguna parte.

Si haces un gran trabajo, tu responsabilidad es darle a ese trabajo toda la visibilidad que merece.

Y puede que se te haga bola, puede que te sientas a menudo bloqueada con esto. Porque lo cierto es que las personas que tendemos a la excelencia al hacer nuestro trabajo raramente reconocemos esa excelencia, raramente nos sentimos cómodas expresándola en voz alta.

Frente a eso, aquí van algunas soluciones:

  • Únete a un grupo de mastermind, comparte con otras CEOs que te ayuden a mirar tu forma de trabajar desde fuera y a identificar y reconocer tus puntos fuertes.
  • Escucha con atención a tus clientes, recoge de forma activa sus testimonios: ¡pregúntales!, ¿qué reconocen de tu trabajo?, ¿qué valoran?, ¿qué les ha sorprendido?… 
  • Déjate acompañar por una mentora que te haga de espejo y te ayude a mirar más allá de lo evidente. No está de más que te diga que yo puedo ser esa mano amiga. 🙂

Paso 2. Encuentra tu propia estrategia

Voy a hablarte sobre este paso necesario para que tu estrategia de visibilidad expanda tu negocio a través de un ejemplo, amiga. 

Lo haré contándote la historia de R., una CEO a la que he acompañado en mentoría y que un día, en sesión juntas, tomó una decisión MUY estratégica que, a primer vistazo, parecía muy poco estratégica.

R. decidió irse de Instagram para llegar a más personas.

¿Verdad que suena contradictorio?

Es fácil pensar, siguiendo un hilo lógico, que si lo que quiero es llegar a más personas, lo que debo hacer es estar en más espacios donde las personas me puedan ver. No en menos.

Entonces, si ya tengo un trabajo hecho en una red social como Instagram, ¿por qué iba a querer irme de dicha red social?, ¿en qué circunstancia irme de Instagram iba a suponer llegar a más personas?

El caso es que la conversación que nos llevó a esta decisión no empezó, como bien habría podido ser, porque ella pusiera sobre la mesa su desencanto con Instagram. No. 

De hecho, esa conversación comenzó porque ella puso sobre la mesa su deseo de llegar a más personas con su trabajo.

Y a ello nos pusimos: a trazar una estrategia de comunicación que le permitiera visibilizar el alto nivel de calidad que entrega en sus servicios (porque sí, R. es una de esas CEOs que hace su trabajo con excelencia).

Fue en el proceso de trazar esa estrategia que decidimos soltar Instagram.

Tomamos esta decisión porque nos dimos cuenta de que, en el caso concreto de esta CEO y en el momento que ella estaba atravesando, Instagram estaba lastrando su visibilidad en lugar de impulsarla.

En este punto debo dejar claro esto:

  • No estoy diciendo que debas dejar Instagram para hacerte visible.
  • No estoy diciendo que esta CEO no volviera nunca más a Instagram.

Lo que sí estoy diciendo es que en su caso concreto, en el momento concreto que estaba viviendo, para su estrategia de visibilidad tenía más sentido no estar en Instagram que sí estar.

Y tomar decisiones estratégicas es eso: ir más allá de la tendencia, de lo que hace todo el mundo, de lo que ves por ahí, y entender en profundidad qué necesitas tú, qué necesita tu marca, en este momento preciso de vuestra historia juntas.

Es importante que dejes de tomar tus decisiones en relación con la estrategia de visibilidad de tu negocio basándote en un paso a paso predeterminado que sirve para todas y que “hazlo así porque yo lo he hecho así y si a mí me ha funcionado a ti también te va a funcionar”.

Es importante que empieces a tomar esas decisiones basándote en la comprensión profunda de tu momento personal y del momento vital de tu marca, entendiendo qué ocurre en tu mundo emocional cuando tomas X o Y decisión estratégica y alineando lo estratégico, lo emocional y lo energético para que, sea cual sea el camino que decidas tomar, sea un camino expansivo.

Mi trabajo en mentoría acompaña, de forma radical, desde ese enfoque: mi trabajo es hacerte las preguntas precisas que te llevarán a tomar las decisiones que deseas y necesitas tomar ahora para llegar al éxito que deseas, no venderte un pack prearmado de estrategias que ni siquiera sabemos si tienen sentido para ti en este momento.

Paso 3. Hackea las 2 creencias que están limitando tu constancia en tu estrategia de visibilidad 

La resistencia a mantenernos constante en nuestra estrategia de visibilidad es un tema para el 90% de las CEO.

Ésta, sin embargo, es un requisito indispensable cuando lo que queremos es conseguir resultados reales con nuestra estrategia de visibilidad. O, lo que es lo mismo, cuando queremos que nuestra estrategia de contenidos nos traiga ventas.

Sin constancia no hay resultados. Sin resultados no hay ventas. Esto es así.

La falta de constancia puede manifestarse de diferentes maneras:

  • A veces nos hacemos nuestros calendarios editoriales y, después, por alguna razón, se nos olvida programar las publicaciones.
  • En otras ocasiones seguimos firmemente el calendario hasta que un día nos da demasiada pereza seguir alimentando dicho calendario y lo dejamos estar.
  • A veces nos decimos a nosotras mismas que vale más fluir e ir publicando lo que vayamos sintiendo.
  • Y en otras ocasiones tratamos de seguir una planificación estricta sin encontrar el momento de sentarnos a crear dicha planificación.

Sea como sea que se manifieste esto en tu caso, el resultado siempre es el mismo: o no publico en redes sociales, no envío mi newsletter, o publico y envío newsletter, pero lo hago de forma intermitente.

Y si mantenernos constantes es algo tan importante, ¿por qué nos cuesta tanto?

Mi experiencia acompañando a CEOs en mentoría me dice que esta resistencia obedece a dos creencias limitantes:

  • “No soy lo suficientemente buena”
  • “Haga lo que haga, no va a funcionar”

La primera creencia es tremendamente efectiva disuadiéndonos de hacer llegar nuestro trabajo a más personas. Si no somos lo suficientemente buenas, ¿cómo vamos a querer que más gente nos conozca? Que no nos conozcan implica, también, que nadie se dé cuenta de lo poquito buenas que somos.

La segunda creencia funciona perfectamente como aliada de la primera: ¿para qué voy a dedicar mi tiempo y energía a algo que no va a servir para nada? Para eso me quedo en el sofá, calentita, que aquí se está mejor.

Ahora bien, ¿qué hay de cierto en esas creencias?, ¿eres realmente lo suficientemente mala profesional como para merecer estar escondida debajo de una piedra donde nadie pueda encontrarte?, ¿no hay profesionales allá afuera que hacen el mismo trabajo que tú, de una forma menos cuidada y que, sin embargo, lo venden?, ¿puedes saber con absoluta certeza que no eres lo suficientemente buena en lo tuyo?

Y en cuanto al éxito o fracaso de implementar tu estrategia: ¿puedes afirmar con absoluta certeza que tu estrategia no va a funcionar?, ¿hay algo que puedas hacer para que sea más probable que funcione?, lo que va a ocurrir si no accionas tu estrategia de visibilidad ya lo sabes, ahora bien, ¿sabes qué va a ocurrir si sí la accionas?

Frente al bloqueo, preguntas.

Puedes formularte tú misma esas preguntas e ir poco a poco desenredando la madeja, o puedes agarrarte de una mano amiga que te guíe y te ayude a cuestionar de forma más rápida esas creencias.

Paso 4. Deja que el río que hay en ti desborde

Te contaré a qué me refiero cuando te invito a dejar que el río que hay en ti desborde, esta vez, a través de una historia un tanto personal. Algo que me sucedió a mí.

En una tarde de mayo de 2023, asistí como oyente a un debate sobre el papel de la mujer en la política desde una perspectiva feminista.

Iba muy predispuesta a participar activamente en el debate y, a la vez, sin acabar de creerme del todo que fuera a alzar la voz.

Hay pocas cuestiones que me enciendan por dentro como lo hace la necesidad de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

Aun así, hablar, expresar mis opiniones, implicaba algo que a menudo me asusta y que puede que también te asuste a ti: tomar partido.

Tomar partido asusta. Porque implica agradar a unos y desagradar a otros. Porque implica decir cosas que quizá no sean bien recibidas. Porque implica exponerte. Y exponerte, como ya hemos visto, asusta.

Aun así, no pude no hacerlo. En el último minuto de la ronda de intervenciones del público, me agarré al micrófono y hablé. Hablé como si hablara por todos los años que he callado. 

Hablé con la voz saliéndome del pecho (que no solo de la garganta) igual que el agua de un río sale de su cauce cuando este desborda.

Hablé y no pude parar hasta que el punto y final de mi intervención se puso él solo donde tenía que ir.

Y al hacerlo, al dejar que el río que hay en mí desbordara, ocurrieron dos cosas: la primera, externa, la segunda (y mucho más potente), interna.

La primera, la externa: recibí el aplauso y el reconocimiento de muchas de las personas que escucharon. Fue agradable, no te voy a engañar. Hacer (o decir) algo con miedo y ser reconocida por haberlo hecho es reconfortante.

Aun así, como te avanzaba, esto no fue lo más potente que pasó. Lo más potente que pasó ocurrió, sin duda, a nivel interno.

Fue como si una descarga energética hubiera recorrido todo mi cuerpo. Fue como si de repente no pudiera contener toda la fuerza que ya había en mí. Descubrí dentro de mí el impulso de hacer más por contribuir a las causas que creo justas, descubrí el impulso de dejarme ver más, de dejarme hablar más, de dejarme ser más.

Y eso es lo que pasa cuando dejas que el río que hay en ti desborde: 

  • Que conectas, por un lado, con tu coherencia interna y con el impulso de esta para hacerte visible.
  • Que conectas, por otro lado, con las personas de tu comunidad que están alineadas de forma genuina con quien sois tú y tu marca.

Dejar que el río que hay en ti desborde es dejar de tener miedo a ser tú misma y empezar a comunicar desde la certeza de que, aunque lo que tengas para entregar no va a gustar a todo el mundo, sí va a gustar a la parte que importa de ese mundo.

Dejar que el río que hay en ti desborde es decirte a ti misma que tu discurso es válido y que tiene que llegar a más personas. Y cuando te dices eso a ti misma, amiga, lo único que puede suceder es que empieces a llegar a más personas.

Si ahora mismo tienes miedo a expresar aquello que piensas o sientes, a comunicar aquello que haces, entonces te digo dos cosas:

  • Te abrazo. Sé lo que es callar porque parece más seguro que hablar. Ya no lo necesitas. Estás en un lugar seguro.
  • Es el momento de mojarte. En cuanto lo hagas, tu negocio entrará en otro espacio, en otro ritmo de crecimiento. 

Y sé que dejar que el río desborde asusta, y sé que hacerlo acompañada y sostenida es mucho más fácil. Por eso, si sientes que dar ese paso es demasiado para ti en este momento, entonces, el mejor consejo que puedo darte es que te dejes acompañar.

Paso 5. Mójate

Cuando dejas que el río que hay en ti desborde, sin duda acabas por mojarte, amiga.

Aun así, me parece de vital importancia dedicarle un paso concreto al hecho de mojarte en tu estrategia de visibilidad cuando lo que quieres son auténticos resultados para tu negocio.

Sé que entre el mojarnos y el no mojarnos muchas mujeres, y especialmente muchas mujeres sensibles (por contexto social, por afán de evitar el conflicto o por cualquier otra razón), hemos tenido siempre una postura clara: mejor no mojarnos, mejor no molestar, mejor no enfadar a nadie.

Mejor mantenernos en ese espacio tibio que nos ahorra lidiar con tantas potenciales situaciones incómodas.

Un espacio, a priori, cómodo, que se vuelve incómodo por estéril.

Te contaré qué pasó una de las tantas veces en que he decidido mojarme en mi comunicación.

Fue un día en que decidí expresar mis opiniones políticas en las redes sociales de mi negocio.

Me cuestioné mucho antes de darle al publicar si eso era lo que debía hacer como CEO de mi negocio. La respuesta acabó siendo un rotundo sí. “Si que yo publique esto hace que alguien se ofenda, y esa persona se marcha de mi comunidad, en parte, mejor que se vaya”, pensé.

¿Y sabes qué pasó? Pasó que una CEO a la que ahora acompaño en mentoría anual me respondió a ese story (a ese en el que me mojaba políticamente) para hablar conmigo sobre su posible inscripción a la mentoría.

Al mojarme, al posicionarme, no solo dejé que se marchara quien no tenía sentido que estuviera. También acerqué mucho más a quien sí tenía sentido que se quedara.

Y, además de eso, al mojarme me permití conectar con la fuerza de mi propia coherencia. Me dije a mí misma que mi sentir y mi pensar eran válidos para mí y que merecían ser expresados. Y me lo dije de la forma más efectiva en la que podía decírmelo: con hechos, con acciones, con decisiones.

Y eso es lo que ocurre cuando te mojas:

  • Que conectas de forma más profunda con aquellas personas que están alineadas contigo y, por ende, con tu negocio.
  • Que descubres la fuerza que te entrega alinear en coherencia lo que piensas, lo que dices y lo que haces.

Si quieres llevar a tu negocio a la expansión, amiga, seguir tomando la postura cómoda, la postura tibia, ya no es una opción. Es el momento de que te permitas conectar con tu voz y de que, más allá de esto, te permitas también hacer sonar esa voz.

Paso 6. No conviertas tu vida en tu discurso de ventas

Está de moda convertir nuestras vidas en ejemplo.

Está de moda buscar argumentos de venta en el planazo de fin de semana que nos hemos marcado, en lo fenomenal que hemos gestionado determinada situación personal o en la maravillosa experiencia que hemos tenido alrededor de cualquier situación.

Y cuando hacemos eso, nuestra vida deja de ser nuestra vida para convertirse en otro producto expuesto en un escaparate.

¿Y sabes qué pasa con los productos que se exponen en un escaparate? Que se muestran en su mejor momento, apoyados por luces que favorecen sus bondades, un diseño específico que muestra lo mejor de ellos, etc.

Cuando tratamos de convertir cualquier momento o situación en un argumento de ventas, lo que nos ocurre es que dejamos de vivir, para pasar a analizar cada detalle de lo que vivimos. 

“¿Es esto lo suficientemente interesante para compartirlo?”, “¿cómo puedo sacar un argumento de ventas de esta relajada tarde en la playa?”…

¿El resultado? Un gran desgaste energético, una gran desconexión del momento presente y un constante sentimiento de decepción, de no ser suficiente.

Porque en la vida a veces gestionamos las cosas genial y, en cambio, en otras ocasiones lo hacemos fatal. Y eso no dice nada de nosotras, más que somos humanas y que así es la vida.

Aun así, cuando tratamos de convertir nuestra vida en ejemplo y, a través del ejemplo, en un argumento de ventas, automáticamente nos cerramos a la posibilidad de no hacer las cosas bien en algunas ocasiones: todo tiene que ser de revista, todo el tiempo, porque, de otro modo, ¿cómo puede haber coherencia en mi discurso de ventas si en este momento estoy haciendo lo que hace cinco minutos dije en stories que nunca había que hacer y que yo no hacía?

No necesitas convertir tu vida en un discurso de ventas.

No necesitas ponerle un lazo a todo lo que piensas, sientes y haces en tu día para que alguien te lo compre.

Puedes vender sin esa necesidad constante de convertir tu vida en lección para nadie.

Y te aseguro que vender soltando esa necesidad se vuelve mucho más ligero, mucho más fácil.

Y vivir en paz mientras vendes sin tener que vender tu vida para ello también es mucho más sencillo.

Diseña y planifica tu discurso de ventas en tu espacio de trabajo, amiga. Ejecútalo en momentos concretos, en los que tu única tarea sea trasmitir ese mensaje.

El resto del tiempo, vive.

Fliparás con la cantidad de tiempo libre que te queda cuando vendes de esta manera.

Y si no, que se lo pregunten a una de las CEOs a las que acompaño en mentoría anual, que un día integró este cambio de mirada en torno a la gestión de su estrategia de ventas y solo dos semanas después me compartía lo impresionada que estaba por lo fácil que estaba resultando para ella implementar su estrategia de ventas.

Paso 7. No pidas perdón por repetir

Si quieres que tu mensaje llegue, debes repetirlo.

No es discutible.

En mis años en la facultad de comunicación, estudiando Publicidad y Relaciones Públicas, nos decían que para que un anuncio publicitario moviera a las personas a la acción, estas tenían que ver el anuncio como mínimo 8 veces.

Hoy, al menos ocho años después de mi graduación, en un contexto en el que los estímulos publicitarios que recibimos son incluso más y más constantes de los que ya se recibían entonces, es muy probable que el número de impactos necesarios para que la publicidad nos movilice sea mayor.

En sesiones de mentoría, me encuentro a menudo con que las CEOs a las que acompaño sienten cierto apuro frente a la posibilidad de volverse repetitivas en su discurso en redes sociales. 

Yo siempre les digo: “esa repetición es intencionada”.

¡Porque sí!, necesitamos esa repetición.

Necesitamos esa repetición porque no todo el mundo ve todo lo que publicamos, porque algunas personas ven todo lo que publicamos y aun así necesitan ese recordatorio para pasar a la acción, para integrar lo que compartimos.

Seamos honestas: ¿cuántas veces en tu día lees con atención plena lo que comparten en redes sociales otras marcas? Y he dicho con atención plena. Estoy segura de que eso ocurrirá en tu caso, como en el mío, en muy contadas ocasiones. 

Lo mismo para tu clienta ideal: no lee todo y, lo que lee, no suele leerlo con atención plena.

En resumen: tu cliente ideal necesita que repitas para quedarse con la copla.

Por supuesto, hay formas de repetir que no resultan molestas, que, de hecho, son enriquecedoras para quien recibe tus contenidos. Para ello, mucha estrategia y mucho foco.

Si quieres que te acompañe a trazar esa estrategia y a poner foco en la forma en la que creas y compartes contenidos, es posible que te interese trabajar conmigo en mentoría anual.

En resumen, amiga, si lo que quieres es que tu estrategia de visibilidad apoye la expansión de tu negocio, entonces, no debes olvidar estos 7 pasos imprescindibles:

  1. Asume la responsabilidad de hacer visible la excelencia con la que trabajas.
  2. Encuentra tu propia estrategia.
  3. Hackea las 2 creencias que están limitando tu constancia en tu estrategia de visibilidad.
  4. Deja que el río que hay en ti desborde.
  5. Mójate.
  6. No conviertas tu vida en tu discurso de ventas.
  7. No pidas perdón por repetir.

Si necesitas apoyo integrando estos 7 pasos en la forma en que lideras y gestionas tu estrategia de visibilidad, es posible que mi mentoría anual te contribuya. Dale un vistazo aquí.

También te gustarán...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio

Amar nacer es amar vivir