Yo también creí que no había de otra
Que éxito solo era una cosa y que conseguirlo era sota, caballo y rey
Y lo hice todo.
Todo lo que decía el manual del éxito para conseguir un éxito de manual.
Tenía 21 años, estaba recién graduada en Publicidad y Relaciones Públicas y ya sabía que lo que quería hacer con mi vida profesional era crear una empresa de éxito.
Sí, amiga. No cualquier tipo de empresa.
Una empresa de éxito.
Así que, toda aplicada yo, me puse a ello.
Consistente, tenaz y decidida di todos los pasos que tenía que dar. Incluso los que asustaban. Incluso los que me ponían el cuerpo del revés.
Y me llevaron al éxito.
Y cuando llegué allí, al éxito, me di cuenta de que el éxito no era tan sexy como parecía en la distancia.
Tenía grandes clientes
Vivía en un piso muy chic en el centro de Barcelona y trabajaba en un despacho situado en lo alto de una alta torre, en un elegante centro de negocios también en Barcelona.
Tenía todo por lo que había trabajado incansablemente y lo había conseguido de forma muy rápida: solo llevaba 2 años emprendiendo cuando todo esto sucedió.
Entonces… ¿Por qué no me sentía pletórica?
En lugar de emocionada, feliz y plena, me sentía agotada, triste y estresada.
Cada día era una pelea y aunque tratara de consolarme mirando la cuenta de ingresos de mi negocio, nada conseguía llenar el vacío que sentía.
Tenía una deuda que me pesaba todos los días. La que había contraido para construir ese imperio.
La vida que había escogido para mí traía un alto coste económico y energético consigo.
Y no quería dejar mi negocio, porque si algo tenía claro era, sin duda, que liderar mi empresa era lo que de verdad quería hacer.
Pero no a costa de mí misma
Ese momento de caos, de agotamiento, me invitó a aventurarme en el más profundo viaje de autoconocimiento que nunca antes había vivido.
No solo descubrí que era Altamente Sensible, también entendí, sobre todo, que podía vivir bajo mis propias normas.
Que no tenía porqué vivir bajo las normas de nadie más.
Y empecé a hacer justo eso: renunciar a todas las normas autoimpuestas, a un modelo de éxito que no era mío, a una forma de trabajar y de vivir que no decía nada de lo que de verdad deseaba para mí.
Empecé a tomar decisiones. Grandes decisiones. Decisiones importantes.
Dejé de vivir en ese piso chic.
Solté ese despacho situado en lo alto de una alta torre.
Me mudé.
Dejé la ciudad para volver a casa.
Jhon (mi pareja y compañero de aventura también en los negocios) y yo nos instalamos en Roquetes, el pueblo donde nací y crecí y donde viven mis padres, una de mis hermanas y mi sobrina Alba.
Y por fin entendí que eso sí era éxito
Convertí mi negocio en un negocio digital para, poco después, renunciar a la marca que había creado y en la que había trabajado, y lanzar mi marca personal.
Cambié los 45 minutos en bus para cruzar Barcelona por 45 minutos de paseo entre el verde de los árboles.
Cambié las llamadas telefónicas a casa por visitas, cafés y comidas en casa de mis padres.
Cambié las tardes de vuelta del trabajo absolutamente agotada por los ratos en el parque, con mi hermana, viendo jugar a mi sobrina.
Desde ese lugar empecé a acompañar a otras CEOs y aprendices de CEO a liderar sus negocios poniéndose a ellas en el centro de la ecuación.
Sin seguir normas externas.
Sin imponerse una u otra forma de hacer las cosas.
Y aluciné, no solo con lo que yo estaba consiguiendo al frente de mi negocio, también con todo lo que ellas estaban alcanzando.
Nuestra facturación (la mía y la de ellas) no dejaba de crecer.
Las deudas se iban liquidando.
El impacto de nuestros proyectos crecía y crecía.
Nuestros negocios no dejaban de darnos satisfacciones.
Y aunque no todos los días eran maravillosos, sí había en el fondo una certeza de estar recorriendo un camino maravilloso.
Tenía grandes clientes
Vivía en un piso muy chic en el centro de Barcelona y trabajaba en un despacho situado en lo alto de una alta torre, en un elegante centro de negocios también en Barcelona.
Tenía todo por lo que había trabajado incansablemente y lo había conseguido de forma muy rápida: solo llevaba 2 años emprendiendo cuando todo esto sucedió.
Entonces… ¿Por qué no me sentía pletórica?
En lugar de emocionada, feliz y plena, me sentía agotada, triste y estresada.
Cada día era una pelea y aunque tratara de consolarme mirando la cuenta de ingresos de mi negocio, nada conseguía llenar el vacío que sentía.
Tenía una deuda que me pesaba todos los días. La que había contraido para construir ese imperio.
La vida que había escogido para mí traía un alto coste económico y energético consigo.
Y no quería dejar mi negocio, porque si algo tenía claro era, sin duda, que liderar mi empresa era lo que de verdad quería hacer.
Pero no a costa de mí misma
Ese momento de caos, de agotamiento, me invitó a aventurarme en el más profundo viaje de autoconocimiento que nunca antes había vivido.
No solo descubrí que era Altamente Sensible, también entendí, sobre todo, que podía vivir bajo mis propias normas.
Que no tenía porqué vivir bajo las normas de nadie más.
Y empecé a hacer justo eso: renunciar a todas las normas autoimpuestas, a un modelo de éxito que no era mío, a una forma de trabajar y de vivir que no decía nada de lo que de verdad deseaba para mí.
Empecé a tomar decisiones. Grandes decisiones. Decisiones importantes.
Dejé de vivir en ese piso chic.
Solté ese despacho situado en lo alto de una alta torre.
Me mudé.
Dejé la ciudad para volver a casa.
Jhon (mi pareja y compañero de aventura también en los negocios) y yo nos instalamos en Roquetes, el pueblo donde nací y crecí y donde viven mis padres, una de mis hermanas y mi sobrina Alba.
Y por fin entendí que eso sí era éxito
Convertí mi negocio en un negocio digital para, poco después, renunciar a la marca que había creado y en la que había trabajado, y lanzar mi marca personal.
Cambié los 45 minutos en bus para cruzar Barcelona por 45 minutos de paseo entre el verde de los árboles.
Cambié las llamadas telefónicas a casa por visitas, cafés y comidas en casa de mis padres.
Cambié las tardes de vuelta del trabajo absolutamente agotada por los ratos en el parque, con mi hermana, viendo jugar a mi sobrina.
Desde ese lugar empecé a acompañar a otras CEOs y aprendices de CEO a liderar sus negocios poniéndose a ellas en el centro de la ecuación.
Sin seguir normas externas.
Sin imponerse una u otra forma de hacer las cosas.
Y aluciné, no solo con lo que yo estaba consiguiendo al frente de mi negocio, también con todo lo que ellas estaban alcanzando.
Nuestra facturación (la mía y la de ellas) no dejaba de crecer.
Las deudas se iban liquidando.
El impacto de nuestros proyectos crecía y crecía.
Nuestros negocios no dejaban de darnos satisfacciones.
Y aunque no todos los días eran maravillosos, sí había en el fondo una certeza de estar recorriendo un camino maravilloso.
Porque estábamos recorriendo
nuestro propio camino
Porque estábamos recorriendo nuestro propio camino
Y no el de nadie más
Porque por fin nos habíamos puesto a nosotras mismas en la ecuación de nuestro negocio.
Y eso lo cambia todo.
Y así es como te acompaño, amiga, a liderar y expandir tu negocio desde el gozo.
Poniéndote a ti en el centro.
01
Conectando y construyendo tu propia visión de éxito (no la del manual).
02
Sosteniéndote y enseñándote a auto-sostenerte en el viajazo emocional y energético que es liderar y expandir tu negocio.
03
Trazando e implementando estrategias que te llevan hasta el éxito que de verdad deseas para ti.
Y el primer paso que te invito a dar es...
Conectar con tu éxito
Para ello, te invito a dejar tu mejor correo aquí y a acceder de forma gratuita a la lección ‘Conecta con tu éxito’ de mi programa Conversando con tu Cuerpo para Liderar y Expandir tu negocio.
La lección incluye una meditación guiada que te llevará a escuchar a tu cuerpo y conectar con lo que de verdad es éxito para ti.
¿Te apetece?
¿Te apetece saber más sobre mí?
Esta también soy yo 😉
01
Escribo desde los 13 años
Entonces escribía relatos, poemas y cartas. Elegí Publicidad y Relaciones Públicas como carrera porque pensé que me permitiría hacer de la escritura mi trabajo.
02
Siendo una niña era SÚPER tímida
Mi primera presentación oral en la Facultad de Comunicación me puso tan nerviosa que me dejó con una migraña de 3 días. Hoy estoy deseando subirme a un escenario para hacer llegar más lejos mi mensaje.
03
Emprendí con 21 años
Decidí emprender, recién graduada y con solo 21 años, porque sentí con total claridad que lo que quería hacer con mi vida profesional antes de morir era crear mi propia empresa. Y si lo tenía tan claro, ¿por qué esperar más?
04
Me encanta el dinero
En serio. Generarlo, estudiarlo, entenderlo… Me encanta el dinero y me encanta profundizar en cómo nos relacionamos con él. Creo que en esto tenemos mucho que crecer.
05
Soy PAS
Uno de los descubrimientos más reveladores de mi vida fue reconocerme como Persona Altamente Sensible. Acompañar a otras Empresarias Altamente Sensibles ha sido un gran aprendizaje vital.
Te invito a conectar con tu éxito hoy, amiga
Con el tuyo y con el de nadie más
Deja tu correo electrónico aquí y te daré acceso gratuito a una de las poderosas lecciones de Conversando con tu Cuerpo para Liderar y Expandir tu Negocio.